LECCIONES

LA TUSA AL LLEGAR A LOS 30

Llegar a los 30 tienes grandes ventajas, aunque, empezamos a preocuparnos por tantos años normalmente “desperdiciados” nos beneficia en que ya estamos más sabios, hemos encontrado o estamos encontrando nuestro rumbo y lo más importante, al reconocer los tantos años que se han ido, estamos centralizados en nuestro proyecto de vida para que no nos coja más la tarde, eso significa que estamos bien ocupaditos.

Aunque no falta el amor y con ellos las rupturas, decepciones o la abierta de ojos, he logrado identificar una gran diferencia a mis tusas anteriores.

Tiempo atrás…

Tiempo atrás pensábamos que teníamos muchos años todavía por lo que veíamos bien perder el tiempo, trasnochar era mas emocionante que dormir temprano, nos encantaba la gente, siempre teníamos que estar haciendo algo o siempre debíamos estar acompañados, nos importaba la opinión de las amigas, de la familia o de cualquier metido por ahí, nos preocupaba que todos estuvieran felices mientras nosotros como un hongo, solos, nos preocupaban las fotos en las redes y el oso para después borrarlas, nos daba mamera explicar el por qué se acabo, bajábamos de peso y ahogábamos las penas en el alcohol (los que les gusta).

Y al llegar a los benditos 30…

Pero llegan los 30 y todo cambia, también duele, también corremos el riesgo de entrar en una depre, pero…. Hay algo clave para diferenciar nuestra “madurez”  ya tenemos claro lo que es el amor propio, así apenas lo estemos alcanzando, ya sabemos que existe y que debe ser lo primordial, podemos llorar, podemos encerrarnos y hasta dejar de comer, pero con la conciencia del daño que nos estamos haciendo, considero que hay una gran diferencia entre hacer las cosas consciente y hacerlas sin conciencia,  y viene la rehabilitación, más precoz que antes, ¿por qué es más fácil? Porque reconocemos las horas de sueño que nos están arrugando la cara, preferimos estar como hongos a estar en una relación toxica, disfrutamos esos días de soledad con un café y meditando lo linda que es la vida, nos convertimos en la envidia de las comprometidas, sabemos la energía que se está perdiendo, nos llaman nuestros proyectos y nos entretienen, nos vale un carajo borrar las fotos porque si nos preguntan que pasó sin pelos en la lengua respondemos «lo eche» o «me echaron»,  reconoces el propósito de la experiencia, tu familia ya piensa “ella verá”, y si ahogas las penas en el alcohol, aparte de que reconoces el daño en tu hígado, terminas borracha y más feliz que nunca.

«SIN AFÁN ESPERAS EL INDICADO, MÁS SABIA Y MÁS FELIZ, Y CON LA CLARIDAD DE QUÉ NO DEBES VOLVER A REPETIR O DE QUÉ NO DEBES VOLVER A PERMITIR»

¡BENDITOS 30!

Angélica M. Beltrán

¡Ah! Y si no piensas igual, tranquilo nunca es tarde para crecer…

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